La verdad es que ya no sé que hacer contigo.
Quiero que te vayas. Que te vayas a otra ciudad, a otra pantalla, a la verga. No es que me hayas aburrido, es que ya me aburri de mi todos los días oyendote decir pendejada tras pendejada. Tú montando un drama de tu vida y yo devolviendote en frases cortadas pedazos de tu filosofía para que creas que te comprendo. Me dan ganas de que te desaparezcas, de que el ruido se vaya y la pantalla quede en blanco, lista para que yo pueda empezar a escribir algo.
Tengo ganas de que algo malo pase. De que alguien se muera, de que algo se caiga. De tener por fin un pretexto para amanecer mentando madres y cagandome en todo. Un pretexto para las lágrimas, las uñas mordisqueadas y los pelos que se quedan atorados por montones en el cepillo. Siempre he querido huir pero ya no. Quiero que huyan los demás, que se vayan a la verga. Yo aquí estoy bien.
Tengo ganas de que algo malo pase.
Para mí el diablo sería una mujer entaconada de labios rojos y uñas largas. Pelo negro revoltoso y brillante y una de esas sonrisas que nunca son de alegría, que más bien son de burla. Se bajaría del convertible azotando la puerta y me echaría el humo del cigarro en la cara.